La corvina es la principal especie que conforma el variado costero bonaerense. La pesca mayormente la flota costera que opera desde Mar del Plata, también las embarcaciones de rada/ría locales y las que zarpan desde los puertos del interior del Río de la Plata, principalmente Lavalle, Berisso y Ensenada.
El año pasado los desembarques totales de corvina alcanzaron las 37.109 toneladas, la cifra más alta de los últimos tres años. Lo curioso es que, al contabilizar las exportaciones, la estadística oficial que resume el Informe de Coyuntura de diciembre del año pasado, marca 38.139,3 toneladas.
¿Cómo es posible que haya más toneladas exportadas que pescadas? La estadística no incluye las capturas de la cada vez más creciente flota de truckers y gomones que operan desde la costa de la Bahía de Samborombón. Que debe ser más que esa diferencia entre descargas y ventas al exterior porque falta lo que se consume en el mercado interno.
Esa captura no tiene parte de pesca y no figura en la estadística de descargas, pero luego termina incorporada al momento de ser exportada.
En los últimos años, al compás del crecimiento de esta flota, se han creado instalaciones a orilla del río en la bahía para facilitar la operatoria de la actividad. Muelles para el amarre y caminos consolidados para los camiones que extraen la captura fuera de los puertos tradicionales.
Muchas de estas obras figuran en buscadores satelitales como Google Maps pero se mantienen invisibles al control de las autoridades competentes. No sería difícil saber el volumen de toda esa captura si hubiese fiscalización en las rutas bonaerenses. Sobre todo en la Autovía 2 y en la Ruta 11. Las cargas terminan principalmente en frigoríficos marplatenses.
La corvina es una especie que se exporta mayoritariamente entera. A lo sumo, pequeños envíos tipo pan ready, eviscerada, sin cola ni cabeza. Países africanos como Nigeria, Angola y Camerún son los principales destinos.
Justamente los países africanos no exigen el certificado de captura legal (CCL) a la hora de importar corvina, lo cual facilita el blanqueo de las capturas que no asoman en el radar de la estadística. Distinta es la condición que fijan países de la Unión Europea y China, que sí exigen el CCL.
Tal vez ese blanqueo ocurre desde el puerto de General Lavalle. Los datos hasta el 7 de abril marcan 289 toneladas de corvina desembarcada. En relación con el mismo período del año pasado en que se declararon 35 toneladas, el incremento alcanza el 736%.
“Esos números son falsos; jamás pescamos tanta cantidad de corvina; hay apenas dos barquitos funcionando; el resto no tiene ni para el gasoil”, aseguró Ezequiel Trama, pescador y uno de los referentes de la flota artesanal desde Lavalle.
Lo más curioso es que una semana antes, la estadística mostraba 250 toneladas desembarcadas en el puerto de la Bahía. ¿Cómo se explica que, en siete días, la mayoría con condiciones climáticas adversas, las capturas hayan aumentado en 38 mil kilos?
¿Es un error recurrente al momento de cargar los datos o alguien está blanqueando capturas para poder luego exportar con el certificado de captura legal?
¿Por qué el primer trimestre de los años impares muestra capturas declaradas muy escasas (45 toneladas en 2023) y los años pares las descargas suben (944 toneladas en 2024)?
Si alguien quisiera hacer trampa ¿no sería más simple hacerlo desde Mar del Plata, donde no se notaría tanto la diferencia entre un año y otro, como en Lavalle?
También hay que decir que parece un fenómeno puntual, porque con el correr de los meses las descargas en Lavalle se estabilizan y la diferencia anual no supera el 20%, como lo fue la de 2025 en relación con el año anterior.
Lo cierto es que la pesca argentina es capaz de generar este fenómeno singular: exportar más toneladas de una especie que el volumen de lo que se declara pescar de la misma. Uno de los pocos milagros libertarios ligados a la industria.

