En octubre de 2002, antes del balotaje contra José Serra, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), el entonces candidato opositor Luiz Inácio Lula da Silva, que venía de perder tres elecciones seguidas en 1989, 1994 y 1998, escribió la Carta al Pueblo Brasileño, un texto en el cual garantizó, ante las corridas cambiarias del sector financiero, que si era electo presidente iba a respetar los contratos, honraría las deudas con bonistas y el FMI y mantendría la responsabilidad fiscal y el control de la inflación. Lula obtuvo un récord 61,3% de los votos contra 38,7% de su oponente. En 2022, ante una campaña de mentiras en redes, Lula se vio forzado a escribir una Carta Compromiso ante los Evangélicos para garantizar la libertad religiosa antes de vencer por 50,83 a Jair Bolsonaro. Esta vez, de cara al 25 de octubre, Lula deberá escribir otra, quizás, dedicada al Pueblo Abstencionista, esos 33 millones de brasileños que no votaron (21% del padrón), el mayor nivel desde 1998.
«Lula ya no tiene como ampliar electorado de quienes lo votaron el domingo», dijo durante una entrevista en San Pablo con El Destape el cientista político Eduardo Grin, profesor de la Escuela de Administración de la universidad Fundación Getulio Vargas (FGV). La primera vuelta terminó con 47,03% para Flávio Bolsonaro contra 45,16% de Lula, quien tuvo su peor votación desde 1998, cuando fue eliminado en primera vuelta por Fernando Henrique Cardoso. Una diferencia de menos de dos puntos porcentuales que tendrá que buscar cerrar y superar con el voto de los que no participaron.
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Con ese objetivo, Lula se reunió este lunes con asesores para comenzar a definir la estrategia de cara al balotaje. El núcleo serán los debates y golpear una y otra vez en la biografía de Flávio Bolsonaro y la amenaza que representa para el país. “Tenebroso” lo calificó Lula en su discurso de la noche de la derrota.
– ¿Casi la mitad de Brasil se está preguntando de dónde sacar votos para superar a Flávio?
– Está claro que ahora Lula va a apostar a una agenda de deconstrucción de la figura de Flávio Bolsonaro, quien durante la primera vuelta no explicó sus vínculos históricos con las milicias de Río de Janeiro, los casos de lavado de dinero y su relación con el escándalo del Banco Master (pidió 30 millones de dólares por teléfono al banquero Daniel Vorcaro). Pero esta deconstrucción tendrá poco efecto ya que Flávio se encuentra en medio de una ola grande que generó la victoria. Es por eso que Lula deberá ir a todos los debates televisivos, darle la importancia que no le dio en la primera vuelta, buscar más contacto con el electorado católico y trabajar mucho en los estados con más votos y grandes ciudades como San Pablo, Minas Gerais y Río de Janeiro.
El profesor dio por descontado que Lula no recibirá apoyos de ninguno de los otros contendientes que lograron poco más de 2 por ciento de los votos cada uno, ni del escritor de autoayuda Augusto Cury, ni del ultraliberal pero antibolsonarista Renán Santos ni del empresario ruralista Ronaldo Caiado.
Además, la estadística le juega en contra: desde 1989, nunca un balotaje fue ganado por el candidato que quedó segundo. Y Lula ya sufrió esta experiencia. En 1989, fue derrotado en 1989 por Fernando Collor de Mello en segunda vuelta. En 1994 y 1998, en cambio, perdió en primera vuelta. Quedó segundo pero no le alcanzó para forzar un balotaje.
Mientras Grin hablaba de «la gran ola» que generó la victoria de Flávio Bolsonaro, el mercado financiero vivía una jornada eufórica como no se veía hace años: el índice Bovespa subía 8 % y el dólar caía por debajo de los cinco reales. La Faria Lima, como se le dice al mercado financiero en Brasil debido al nombre de una avenida de San Pablo, aplaudió la victoria del senador opositor y posibilidad de que haya ajuste fiscal, privatizaciones y garantías de mayores pagos de los bonos de deuda.
– ¿Cómo ves las chances de Flávio?
– Flávio tendrá votos de los partidos del Centrao y eso le permitirá tener una buena capilaridad y hacer campaña en Río de Janeiro, San Pablo y Minas Gerais, estados donde venció y en los cuales confía que le alcanzará para derrotar a Lula. También pasará a tener un gran apoyo del capital financiero, porque el mercado ya había ‘precificado’ (poner precio a algo por adelantado) su victoria. Otra carta con la que cuenta Flávio son los evangélicos, muy alineados, y el electorado femenino porque una buena parte de las mujeres senadoras electas pertenece a la extrema derecha, como por ejemplo Michelle Bolsonaro, la esposa de su padre. Caiado y Zema van a apoyar a Flávio y la incógnita está en Cury. Y claro, del mercado, que quiere escucharlo prometer ajuste fiscal.
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Pero, por ahora, el PL es el partido que salió triunfante de las elecciones. Consiguió el control junto con sus aliados del Senado y tal vez de Diputados. Si Flávio gana, podrá imponer su agenda de extrema derecha, como destituir jueces de la corte suprema con dos tercios en el congreso, sobre todo Alexandre de Moraes, el llamado verdugo de Jair Bolsonaro por golpismo. En paralelo, el presidente del PL, Valdemar Costa Neto, da por descontado un indulto de Flávio a su padre a partir del 5 de enero. “Jair Bolsonaro no será ministro pero colaborará con el gobierno, trabajará para su hijo”, dijo a GloboNews Costa Neto este lunes.
El éxito de la extrema derecha
El profesor Grin trazó un panorama sobre lo que dejó la primera vuelta y el futuro de Brasil, pero arriesgó que por más mayoría que tenga Flávio o apoyo del mercado será imposible hacer un ajuste tipo motosierra como hizo Javier Milei debido a que la fuerza de los estados y los grupos de presión son mayores en Brasil que en Argentina.
«La extrema derecha fue exitosa como un todo, fue avasalladora. No solo consiguiendo la victoria de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta presidencial, sino también por todo el escenario político que se configuró. Para Lula, es difícil revertir la tendencia de votos y no tiene candidaturas en el campo democrático que puedan funcionar como una alternativa dentro de ese espacio. La extrema derecha fue superexitosa en ampliar su bloque de senadores y pasó de 49 a 81 senadores. Eso le da una fuerza importante para aprobar enmiendas, impulsar comisiones parlamentarias de investigación y participar en la aprobación de embajadores y directores de agencias regulatorias. También fue supervictorioso en la Cámara de Diputados, donde tiene cerca del 20 por ciento de los diputados federales, además de sus aliados tradicionales. Y tuvo un resultado muy exitoso en las elecciones para gobernador, con victorias en San Pablo, Santa Catarina, Rio Grande do Sul y Paraná, además de llegar a Río de Janeiro y elegir candidatos alineados en estados como Minas Gerais, con Cleitinho.»
«El resultado de las urnas es claro: hay un mensaje contra el sistema político como un todo, un cansancio con Lula y un recado contra lo que una parte del electorado considera una degradación del sistema, asociada al Supremo Tribunal Federal y al gobierno de Lula. La extrema derecha supo manejar muy bien ese escenario y transformar ese sentimiento en voto. Con este resultado, queda muy cerca el indulto de Jair Bolsonaro. En un escenario con ministros del Supremo Tribunal Federal (STF) bajo presión por el caso Banco Master y con la amenaza de impeachment», continuó el analista.
A lo largo de la entrevista, Grin reflexionó sobre algunas de las principales conclusiones que dejaron las elecciones.
- El papel de Trump y de Estados Unidos: «El gobierno de Trump mandó todas las señales posibles de que prefiere a Bolsonaro en lugar de Lula, y que Marco Rubio quiere ejercer poder a través de la Doctrina Donroe. Pero más que asumir que la política estadounidense tuvo resultados, la jornada electoral se explica por factores internos. Hay un desgaste de la imagen de Lula, que hace cuatro décadas compite en elecciones y ha participado en siete elecciones. Existe una percepción de cierto cansancio, una asociación del gobierno de Lula con el STF y un componente del voto contra todo, que terminó penalizando a los gobernantes del oficialismo. El tarifazo de Trump tuvo influencias más sutiles, pero no explica por sí solo el resultado de las elecciones».
- Ascenso de la extrema derecha y el voto antisistema: «El fracaso del gobierno tiene que ver con el momento político y con un sentimiento antiestablishment político. Es una contradicción que los Bolsonaro se presenten como antisistema, pero el electorado cree en eso de forma estratégica. El gobierno no pudo mostrar la tragedia que fue el gobierno de Bolsonaro. La opción fue mostrar lo que hizo el gobierno, algo que ya no rinde. La familia Bolsonaro no fue deconstruida y, como no fue deconstruida en las redes sociales, mantuvo una buena capacidad para manejarlas. Flávio tampoco pudo dar las explicaciones sobre los casos de corrupción».
- Economía y percepción de la población: «Los números de la economía son buenos, pero hay problemas como el endeudamiento de las familias, creado en muchos casos por las bets. Se instaló la creencia de que un cuarto mandato de Lula podría producir nuevamente esperanza y una mejoría de vida. Por otro lado, tenemos un 50 por ciento de la sociedad que rechaza a Lula o rechaza a Flávio. Este tipo de asunto ya no es tan decisivo para conducir el voto.»
- El desgaste del modelo tradicional de gobierno: «Un gobierno tradicional hace política pública y gana votos con programas sociales. Eso ya no funciona más de esa manera, porque existe una oposición que deconstruye las promesas del gobierno y aprovecha la expansión del conservadurismo o crea problemas con el gobierno. Por ejemplo, se presentó al gobierno como un gobierno antiterrorista por sus vínculos con el crimen. Eso no es verdadero, pero no importa para ellos. La extrema derecha es habilidosa para tratar temas frágiles. En el área más importante, que es la seguridad pública, el gobierno no entregó nada y Bolsonaro fue hábil para explorar eso. También ocurrió con el discurso de la picanha y la cerveza de 2022 prometido por Lula. Se exploró cómo la gente no podía comprar pese a que hubo una mejora.»
- El voto de resentimiento y los nuevos factores electorales: «No estamos más en un tiempo normal, en el que bastaba con tener buenas políticas públicas. Ahora entran otros factores, como el religioso, el odio y el sentimiento de que mi vida no ha mejorado. El voto de resentimiento está muy bien construido por la extrema derecha y la campaña de Lula no logró entender esto.»
- El ajuste fiscal y el modelo Milei: «La tragedia de Paulo Guedes, ex ministro de Jair Bolsonaro, fue el tema fiscal. Acá es más difícil aplicar una motosierra como la de Milei, porque es un escenario más complejo. Guedes no pudo privatizar ni cortar gastos. Propuestas de ajuste como reducir ministerios no le hacen cosquillas al presupuesto público. Yo tendría reservas sobre eso. Brasil es una sociedad más compleja y tiene un federalismo muy fuerte. Veo que en Argentina hay gobernadores peronistas aliados de Milei, mientras que acá los gobernadores tienen más autonomía, como ocurrió durante la pandemia, cuando se impusieron incluso a Bolsonaro, siendo aliados en muchos casos. Entonces Brasil tiene una complejidad que hace más difícil querer controlar todo como en Argentina. Si Flávio quiere proponer un ajuste, encontrará más dificultades que Milei. Tampoco considero que Milei sea una buena referencia para Brasil.»

